La División:

México, D.F. a 29 de Octubre de 2006

Algo que he observado con el paso del tiempo en nuestra comunidad (si así le podemos decir) "T" en el Distrito Federal es que, en lugar de ser cada vez más sólida por los diferentes frentes y opciones que se han creado, es cada vez más débil y frágil; ya que cada uno camina su ruta. ¿Que eso no es malo? No, pero Bueno tampoco.

Tampoco es un tema nuevo que yo esté descubriendo ¡Para nada! Es más, ya hay varias chicas que han dejado el activismo desde hace años atrás ¿Por qué? Por lo mismo que hoy, no hay el mismo compromiso de las activistas al de las personas de "medio clóset" y de "clóset completo". ¿Por qué? Porque, como me dijo alguna vez una buena amiga transexual: "Ustedes los travestis, viven muy cómodamente en su dualidad; jamás se comprometerán o mostrarán la cara por personas como yo, que quiere vivir como chica toda la vida, y que merece los mismos derechos que cualquier mujer"; y tiene toda la razón. Y qué pena que, por miedo a que los demás nos crean iguales a las personas que podemos defender, evitemos ayudarles a obtener un derecho justo y necesario para estas personas; porque merecen salud, educación, trabajo y la opción de hacer una familia con los mismos derechos que acabo de mencionar.

¿Qué nos da miedo? ¿Que nos crean gays? ¿Que amigos y familiares se alejen de nosotros? Les diré algo triste: muchas de estas personas ya pasaron por eso. Los abandonaron, los insultaron, les dieron la espalda; y peor aún, lo viven día a día, gracias a personas como nosotros, hipócritas que no tenemos el valor para defender a nuestro hermano, sea como sea; que escogió su rumbo al igual que puede hacer cualquier ser vivo. En lugar de ser valientes y solidarios, nos volvemos miedosos e hipócritas; y peor aún, homofóbicos y violentos. ¿Qué nos quitan estas personas al vivir como quieren vivir? Nada; al contrario, día a día nos dan un ejemplo de vida, de lucha, de optimismo y de dedicación hacia lo que quieren ser y lograr.

Si no tuviéramos tanto miedo a la verdad, a la justicia y a la felicidad, este mundo sería muuuuy distinto. ¿Cómo me puedo llamar un buen padre de familia, si no puedo enseñar a mis hijos a ser honestos, a ser respetuosos y solidarios al 100%?, ¿Cómo puedo pedirle a Dios ayuda, si no puedo ayudar a aquellos que me necesitan?, ¿Cómo puedo hablar de justicia si no tengo el valor de mostrar la cara para exigirla y defenderla, para mí o cualquier hermano?

Desgraciadamente sucede en gran parte del mundo; no tenemos el valor de ser solidarios con nuestros hermanos y defender sus derechos a ser libres y felices. Insistimos en creer que, la heterosexualidad es lo bueno y normal; que el azul es para hombre y lo rosa para la mujer; que la fuerza es para los varones y los sentimientos para las damas; y otra serie de mentiras que en lugar de ayudar o crear una sociedad feliz, están creando un mundo infeliz y lleno de intolerancia, miedo, falta de respeto y violencia.

Nada es normal, todos somos diferentes; y el secreto de una comunidad feliz, está en respetarse y quererse todos y cada uno de los miembros que integran esa comunidad; porque gracias a las fortalezas y valores individuales de estas personas, se puede lograr una sociedad estable y exitosa. Y se puede observar en una amistad, un noviazgo, una familia, una empresa, un equipo deportivo, artístico o cultural, una colonia, un pueblo, una ciudad, un país y un mundo. Pero sólo depende de nosotros.

Comencemos por quitarnos los verdaderos Cánceres de la humanidad: El miedo, la ignorancia y la falta de respeto hacia los demás y hacia nosotros mismos. Sólo así conoceremos la verdadera amistad y el amor incondicional.

¿Queremos una comunidad? Comencemos a investigar ¿Qué es? ¿Quiénes la integran? ¿Desde cuándo? ¿Qué necesidades y fortalezas tiene? ¿Cómo lograr sus metas?

Gracias a Dios, en esta pequeña "comunidad" he encontrado un grupo numeroso de amistades; de todo tipo, con diversos gustos, sueños y habilidades, pero todos unos ángeles desde mi punto de vista; unos maestros que día a día me dan una lección distinta de vida, que al unirlas dan como resultado lo que soy: Un ser humano feliz y agradecido con la vida y con Dios por permitirme conocerlos, disfrutar los momentos a su lado, aprender de ellos y ayudarlos en los momentos en que me necesitan.

Gracias a todos por conformar mi llamada COMUNIDAD DE HERMANOS. ¡Que Dios los siga llenando de Bendiciones!

 

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